martes, 14 de octubre de 2008

Mensaje del Sínodo de la IERP



DECLARACIÓN DEL SÍNODO DE LA IGLESIA EVANGÉLICA DEL RÍO DE LA PLATA
Ruiz de Montoya, Misiones, 09 al 11 de octubre de 2008

Inspirados en las palabras del Evangelio que nos recuerdan que Jesús: “Recorría los pueblos y ciudades…anunciando, enseñando, sanando y viendo con compasión a la gente porque andaba como ovejas sin pastor”, nos hemos reunido delegados laicas y laicos, junto a ministros y ministras de nuestras comunidades de Argentina, Paraguay y Uruguay para deliberar sobre la evangelización en el contexto de nuestros pueblos.
Este Sínodo se preguntó: ¿Qué noticias buenas somos llamados a anunciar en la actual coyuntura mundial, regional, nacional y local? Ante esta pregunta un primer paso es observar la realidad del mundo que nos rodea:
VEMOS
1. Que nuevamente estamos frente a una crisis mundial, producto de un sistema que antepone la especulación al trabajo, y pone a la economía al servicio de la generación de dinero, desplazando así a las personas y los pueblos del modelo de producción. Este sistema ha invertido un valor fundamental: El dinero no está al servicio de las personas sino que las personas están al servicio del capital.
2. Que el sistema financiero internacional entró en colapso. Una crisis inmobiliaria, comercial, crediticia, sumerge a la economía global en una nueva crisis del capitalismo. Los poderosos del mundo reaccionan procurando salvarse a si mismos con sus instituciones apropiándose del dinero de los pueblos producto del trabajo y del ahorro, de los sistemas de seguridad social, de la salud y la educación, sin considerar las terribles secuelas que esto ocasiona. Tememos por la desocupación, la deserción escolar, el hambre, los problemas ecológicos, la desarticulación de los sistemas sanitarios, la corrupción y la injusticia que ya están conduciendo al deterioro de la vida y a la muerte temprana de millones de personas en nuestros pueblos Latinoamericanos y en gran parte del mundo.
3. Que la Deuda Externa está desangrando a nuestros pueblos y que su pago se ha instalado como valor supremo en detrimento de las débiles democracias del tercer mundo y de las condiciones de vida de millones de personas. Que nuestros parlamentos no se ocupan seriamente de este tema traicionando así su juramento de servir a Dios y al pueblo que los votó para buscar el bien de todos, mientras la corrupción y la impunidad son moneda corriente en las instituciones públicas de nuestros países.
4. Que nos rodean la violencia y el desamparo, tanto en la calle como dentro de los hogares. Vemos personas que desaparecen a diario en manos de redes internacionales de prostitución y trata, que el abuso infantil aumenta cada día, y que el juego, el alcohol y las drogas –que nos afectan a todos– se extienden entre nuestros jóvenes, sin que perciban un futuro esperanzador y viven así, el día a día, sin importarles siquiera su propia vida.
5. Con mucha preocupación que los estados se están ausentando cada vez más tanto en el área de la salud como de la educación y la justicia. También notamos que algunos pocos se organizan para luchar por sus derechos mientras la mayoría no cuenta con los recursos para hacerlo o se mantiene indiferente ante la situación social en nuestros pueblos.
Ante esta realidad que vemos:
LA PALABRA DE DIOS NOS RECUERDA A TRAVÉS DEL PROFETA:
“Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios… levanta con fuerza tu voz… Levántala sin temor, di: Aquí está su Dios. Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva a los corderos sobre su pecho y guía con cuidado a las ovejas que han dado a luz” (Isaías 40:1.9-11).
Por todo esto:
NOS SENTIMOS DESAFIADOS A
1. Priorizar en todas las actividades comunitarias los valores de la libertad, la justicia, la verdad, la solidaridad, la inclusión, la búsqueda de políticas alternativas a la explotación irracional de los recursos naturales no renovables procurando el cuidado integral de la creación.
2. Que nuestras comunidades de fe sean espacios de contención y sostén para las víctimas de la violencia, de todo tipo de abuso y discriminación. Que estos espacios de reflexión e inclusión de personas discapacitadas y marginadas, generen acciones concretas de comunión que sean testimonio de nuestra fe en Jesucristo, siguiendo como camino el mandato del amor.
3. Fomentar el trabajo honesto y productivo por encima de la especulación financiera en sus diversas expresiones.
4. Impulsar el derecho a la información para conocer la verdad con la finalidad de participar activamente en acciones a favor de la dignidad de las personas priorizándola por encima de todo otro valor que pudiera invocarse. En este sentido, nos sentimos desafiados a reclamar de las autoridades estatales y a apoyar las auditorías de las deudas públicas, municipales, provinciales o nacionales tendientes a resolver definitivamente el problema de la Deuda Externa. Identificar quiénes han solicitado dinero, en qué condiciones lo hicieron y dónde fueron a parar esos fondos.
5. Anteponer el bienestar de todo nuestro pueblo por encima de los intereses dominantes y sectoriales, tomando para ello como criterio básico el Evangelio de Jesucristo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y las constituciones nacionales de nuestros países.
6. Reconocernos todos igualmente como personas con los mismos derechos y dignidad para superar los prejuicios que naturalizan las divisiones y fundamentalismos sociales, culturales, religiosos, políticos y económicos transformando nuestras relaciones humanas.
7. Motivar a nuestras comunidades a la intervención política asumiendo concretamente sus derechos ciudadanos de manera que experimenten con todos y todas con quienes comparten la vida, que la esperanza, la fe y el amor testimoniados en el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo pueden transformar creativamente nuestra forma de vivir en la creación, la manera de relacionarnos con otros y otras y a nosotros y nosotras mismas mediante el espíritu santo.
8. Anunciar que nuestro único Señor y Salvador a quien le debemos obediencia es Jesucristo, y es Él quien nos llama hoy de nuevo a servirle con toda nuestra vida.

Delegados y Delegadas sinodales de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata

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